Miguel nos ha dejado. Huérfanos.
Días antes de tu partida, te dedicamos nuestra última actuación con la esperanza de que habría muchas más contigo, pero no ha sido así.

Miguel, escondido bajo su nombre de batalla "Juan Coello" nos dio siempre muchas lecciones: En el escenario, porque ha sido uno de los grandes actores del teatro amateur de esta ciudad. En el trabajo diario, porque su humildad, su valentía, su profesionalidad, su espíritu de perfección, su deseo de aprender... eran ejemplo para todos. En los momentos compartidos, porque su presencia los convertía todos en una fiesta, y nunca, ni siquiera en esos ratos de tensión tan propios de nuestro trabajo, tenía un mal gesto o una mala palabra para nadie.

Miguel amaba la vida y dedicó gran parte de la suya a llenar de vida la vida de los demás. No hay labor más noble y más generosa.

Gracias, Miguel, compañero, maestro, amigo.

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